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May 20, 2015

Hueftgold

A decir verdad, no sé bien a bien qué siento al ser mujer.


Noté mi cuerpo hace poco más de diez años, aún no sé qué tan importante me resulta el sexo de las personas que me enamoran y no quepo en el estereotipo de belleza femenina.


No quepo.


No quepo, sobre todo, por mi tamaño. Nunca he cabido. Ni cuando era una chamaca de cinco años. El problemón al que se enfrenta una cuando mide 1.85m desde la adolescencia es que no hay ropa “de mujer” que sea tan grande, no en México. Hay que buscar en todas las tiendas del Centro, de Coyoacán, de la Roma, del tianguis de la Lagunilla, de “las pacas de Chalco” por días, semanas, hasta encontrar algo que se acomode al cuerpo. Una aprende a conformarse: deja de importar el color, la belleza, la tela. Desde los 11 años que me visto como caballero. Mientras quepa, está bien. La ropa es ropa, sólo sirve para cubrirse. Lo de menos es que me guste, lo de más es que me quede. Los vestidos que debiesen llegar a la rodilla con trabajos cubren las nalgas, los pantalones siempre son bermudas y las blusas apenas tapan la panza.


La panza.


Esa lucha constante. ¿Desde cuándo vivo a dieta? ¿Los siete? Las dietas se hicieron para dolerse, para llorarse, para romperse. La primera vez que me subí a una báscula aprendí que, contra todo esfuerzo, mi cuerpo habría de rebelarse de las tablas que evalúan talla y peso. Siempre gorda, entre el sobrepeso y la obesidad, dependiendo de la época del año, primavera o Navidad. “Lo bueno es que estás grandota, así no se te nota”. Tanto se nota que apenas hace un par de meses alguien decidió bautizar a mi panza “Verónica, con cariño”. Así, cada que yo quiero acabar con ella, el sujeto en cuestión me recrimina diciendo “¿quieres matar a Verónica de hambre?”. Poco a poco mi panza construyó una personalidad. Verónica. Pobre, un día de estos la voy a desaparecer sólo para caber en la talla 13, que es la más grande en tiendas mexicanas. Para, de una vez por todas, andar por la vida libre de dieta y con ropita de mujer.


Libertad.


Cuando descubrí que había zapatillas de mi número. 7.5, 11, 43, lloré de felicidad. Ser la más alta en todos lados como afirmación política y símbolo de rebeldía. “No le vas a gustar a nadie por gigante”. Mi compañeras de la primaria eran una dulzura. “¿Y sí te va a poder dar vueltas cuando bailen?” Mi papá preocupándose por los de su género. “Contigo no bailo porque estás muy alta”. Un médico que se negó a la salsa por inseguro, macho y reprimido. Es cierto que después de dos horas los zapatos altos duelen, también es cierto que limitan la movilidad, pero conmigo la cuestión es retar al estándar en el que no quepo, externar que los tamaños son un látigo profundamente doloroso, que, pese a todo y los esfuerzos por contener mi cuerpo, soy una muchacha gigante. La alegría es un día verse al espejo midiendo 2 metros, zapatillas negras, vestido azul, electrocumbia de fondo, el recuerdo de alguien que alguna vez dijo mientras me tocaba el vientre y la cadera: “Esta curvota es la más bonita del universo, lo sé de cierto. Hueftgold”. Nada (todo) importa. La libertad es saberse enorme, gorda, querida y guapa.

Este cuerpo molde, cárcel.

May 27, 2014

Manifiesto de la Sub Pedagogía o Carta a Elsa

Diciembre 2 del 2011

"Es un hecho bien establecido que el presente no existe sino en la medida en que se hace pasado y ya pasó... Como la juventud. En resumidas cuentas, sólo nos va quedando el mañana: yo levanto mi copa por ese día que nunca llega pero que es lo único de lo que realmente disponemos." Nicanor Parra

Manifiesto mi repudio a la Pedagogía de las Islas de CU.
A la Pedagogía universitaria que nos enseña a enseñar sin aprender.
Digo no a las tijeritas.
A los post its de animalitos pegados en las esquinas de libretas rosas.
Repudio esos cuadernos con carátula de William Levy, Valentino Lanus o Robert Pattinson.
Tanto como repudio los libros forrados de peces cristianos, virgencitas de Guadalupe neocubistas y San Juditas de cabeza con oraciones "para el estudiante".
Juzgo y he juzgado las prácticas de Didáctica y Educación No Formal, además de todas las materias afines por venir, que nos obligan a cantar versos sin rima y para niños. Niños que si siguen escuchando lo que nos enseñan serán cada vez más retrógrados.
Manifiesto mi perpetuo asco al tratamiento del niño, del adolescente, del adulto, del maestro, de nosotros como tarados. Somos, hemos sido y seremos más que canciones de primaria. La Pedagogía debiera serlo.
Condeno fervientemente a aquellas maestras que me enseñaron en Psicología y Educación 1 a arrullar bebés en pañales. 4 horas semanales perdidas en las que pudieron enseñarme, pude haber aprendido, sobre los traumas de los nuevos 30 mil huérfanos de guerra, sobre el cómo enseñarle a los chamacos de Juaritos que "sicariar" no es un verbo y que el Taller de Seguridad no debe existir en nuestro futuro.
Denuncio el maltrato psicológico de mis compañeritas que me juzgan por antisocial, atea, comunista, preocupona, ñoña, tal vez lesbiana o liberada sexual, las denuncio de bullying universitario, cristianismo ferviente e inmadurez perpetua.
Denuncio también esa pinche guía que nos hicieron leer en Orientación "Tips para el estudiante", sin pensar que a muchos estudiantes ningún tip les ayudará, porque nacimos pobres, nacimos en escuela pública, nacimos para no llegar a la universidad. Denuncio a esta Pedagogía que no nos advierte del mundo por andar.
Convoco a quemar ahora mismo todos esas Guías de Orientación con quiénsabecuántos tests para adivinar qué área de conocimiento les conviene más a los indecisos, preguntones, inciertos, volubles, libres. Quemémoslas ahora.
Digo no a las tijeras de punta chata.
A los libritos en minúscula.
A los colores Vividel de 36.
A los bolígrafos de punto fino y tinta china en cajitas plásticas de doce tonos distintos.
A las presentaciones en Power Point que permiten que las pedagogas sean muchachas que leen de una pantalla. Pantalla con imágenes y letra Comic Sans Serif. Maldito el que inventó la letra Comic Sans.
A las letras de cartulina pegadas por todos los salones de Pedagogía, porque me enoja cuando una nota el ambiente del pedagogo por sus infantilismos, incongruencias, olor a bebé o a pastel de cumpleaños.
Pero sobre todo, digo no (nunca jamás) a las crayolas gordas marca "Crayon".
A cantar en las Islas.
Digo no a la Pedagogía inconsciente.
A la Pedagogía vacía.
A la Pedagogía que no lee a Mill, Marx, Bourdieu, Piaget, Montessori, Gramsci, Dewey, Echeverría, Descartes, Passeron, Althusser, Adorno, Freire, Freinet, Comenio, Neil, Sócrates, Platón... Sócrates. Sí, Sócrates. A la Pedagogía que no lee. 
Rechazo a la Pedagogía que no ve al proyecto zapatista, a la Asamblea escolar, a la escuela Waldorf, a la escuela Sudbury, a Summerhill, a la Bartolomé, a la Anexa a la Normal Superior, al kinder de la Tosepan Titataniske. A la Pedagogía que ve pero no ve.
Condeno a la Pedagogía que no está enterada del caso Guardería ABC, de la renuncia del yerno de Elba Esther, del pacto Peña Nieto-CEN/SNTE, de la falta de derechos laborales del maestro mexicano, tanto como condeno a la Pedagogía que no entiende que la solución a este desastre que llamamos México sigue estando en el aula, más cerca o lejos de la pizarra, pero en el aula, no en los exámenes y mucho menos en el negocio de la cuantificación vía CENEVAL, INEE, COMIPEMS, etc. etc. etc. Condeno a la Pedagogía que está en México pero no está en ningún lugar.
Rechazo, condeno, juzgo, maldigo a la Pedagogía que no nota que lo único que le queda a los viejos por morir y a los jóvenes por venir, es el futuro puesto en nuestro mañana. 
Rechazo, condeno, juzgo, maldigo a la Pedagogía que te hace dudar, Elsa, de ti misma y de esta nuestra bella, humilde, libre, necesaria vocación.

February 22, 2014

3,400 kilómetros

Me prometí que este año, ahora sí, ya por fin, iba a escribir cada semana alguna historia diferente. Alguna anécdota de viaje. Me prometí, por mi propio bien y memoria, tener archivadas algunas escenas, sólo por si algún día olvido partes de mi vida, sólo para tener de que platicar, sólo porque también estamos hechas de recuerdos.

Aquí estoy.

Escribiendo (perdone usted el gerundio) sobre otro viaje a Washington DC. Lo más bonito de Washington es él, también es lo peor, lo mejor-peor de DC es una persona.

DC es él, su cuarto en la residencia de estudiantes, el olor de su cama, las fotos colgadas en los muros, la ventana que nunca se abre, el escritorio lleno de papeles, comida, recuerditos, unas bocinas semi perfectas, un refri con frutas en putrefacción, varios sacos, un par de abrigos, dos banderas universitarias rodeando la cama, una alfombra que, extrañamente, no se ensucia.

DC es el olor en su cuello, ahí me tengo, acercando la nariz a puntos específicos, a los rincones donde aún queda loción; es sus manos encontrándome, descubriéndome, enseñándome lecciones sobre mi propio cuerpo; es su cabello entre mis dedos, sus rizos desvaneciéndose por la tarde; su lengua sobre la lengua mía. Sus pestañas, sobre todo sus pestañas, acariciando mis mejillas.

DC es una ciudad llena de monumentos que he visitado cuatro veces.

DC tiene museos sobre casi todo.

DC plagada de oficinistas que suelen uniformarse: café, gris, negro, marrón, sepia, blanco, azul, café, gris, negro...

Ir a DC duele. Ya no soy turista en la ciudad, tampoco resido en ella.

Pasajera permanente de DC.

DC es el mismo recuerdo en review infinitamente. La misma caminata, la misma comida, la misma cama, el mismo acompañante. Perenne viaje que realizo.

DC es estar. No estar.

December 19, 2013

Tu Mexico City

Here we are, dearest.

Un año después.

Con tu spanglish nuevo, tus palabras e ideas apenas nacidas.

Esta es la alegría de los caminos andados.

La nostalgia, for me and for you.

September 15, 2013

Washington, DC. Segunda vez.

Nota:

Ya, por fin, me resulta evidente que este blog es una diario de viaje.

Washington, DC
Me prometí, hace, no sé, dos, tres, cuatro años, que no viajaría a otro país por ningún amor.

No pude guardar la propia promesa.

La rompí sin querer, sin darme cuenta, con cierto miedo y muchas preguntas. Tuve que tomar el vuelo, hacer la conexión, correr para no perder el avión, invertir el salario quincenal, dejar de comprar libros, música, café, cancelar las citas de varias semanas, para irle a visitar.

Pensé que no podríamos compartir tanto tiempo. Y pude, y me gustó, y quise.

Pensé que no podríamos platicar del futuro. Y pude, y me gustó, y quise.

Bailamos frente a la estatua de José de San Martín, nos sentamos en las piernas de Albert Einstein, nos explicamos la revolución bolivariana y la física nuclear, nos tarareamos canciones-dijimos poemas-plantamos besos al amanecer. Nos construimos historia. 


Hacerme saber, convencerme de esto, le costó cuatro viajes, me tomó lo mismo. Carajo.

Así se siente ser amada. Así, también, se siente amar.

"Te quiero dar muchos besos. Y abrazarte. Y sentir nuestros latidos. Eso. Y recordarte que siempre aprendemos; diario, cosas nuevas. Yo de ti. Tú de mí".


January 20, 2013

Prozac

¿Cómo exactamente se escribe sobre la depresión (dice Omar "enfermedad burguesa")? ¿Con qué palabras? ¿Con qué verbos? ¿En qué tiempo?

¿Se dice: "Sé que un día de abril no pude pararme de la cama de tal cansancio en el cuerpo, veía al cielo o al techo (no importaba ni importará), pensaba en no sé qué, pero pensaba, tragaba saliva, tensaba la garganta, apretaba los dedos de las manos. Quise quedarme en la cama para llorar más a gusto. Posteriormente intenté ir a la Universidad, pero enseguida di el primer paso, deposité la mirada en la puerta y no salí, estuve ahí, parada por un par de horas, luego volví a la cama. Lloré por horas hasta dejar de ser consciente. Así fue la primera semana en la que supe de esto, la primera en la que fue incontrolable"?

¿"Estuve frente a un lago por un día sin darme cuenta. Se hizo de noche, dejaron de pasar autobuses, vi a los patos subirse a los árboles y escuché a los grillos cantar, volteé los ojos hacia la luna, encontré detalles en ella. Me pregunté si todo esto, eso, valía la pena"?

 ¿"Esto es una enfermedad, y como tal, se cura con rutinas: son las ocho de la mañana y no quiero olvidarme de la cápsula diaria, pongo tres alarmas. Evito tomarla en público por si alguien pregunta qué es, para qué sirve, si duele, si he intentado tomar terapia. La tomo en secreto con el afán de supervivencia social, nada más. Son las diez de la noche y es lo mismo, aunque con mayor soledad y posibilidad de mentir. Es más fácil decir que son anticonceptivos, que son pastillas para el sueño, que son cualquier cosa. Por la noche casi nadie se preocupa"?

¿"Supimos que no era tristeza porque dejó de tener razón. Nunca tuvo razón. Salía con un hombre inigualable, absurdamente inmaduro, dejó preguntas, se fue con culpa. Por una semana estuve infinitamente triste. Después el sentimiento dejó de tener explicación. La tristeza se quedó, pensé que no tenía sentido, pensé en las alegrías diarias, en lo afortunada que era. Empeoraba. La tristeza, la extraña nostalgia, siempre está latente. No importa cuánto se piense, se camine, se decida salir y bailar ante el mundo"?

¿"Sé que necesito que alguien me haga reír. Sé que necesito simpleza pues ahí se encuentra la belleza más pura, tranquila, paciente. Sé que necesito escuchar voces cantar a diario. Sé que necesito que cada amanecer, alguien, quien sea, me diga en voz bajita `esto vale la pena´. Sé que el silencio es imprescindible. Sé que necesito descansar. Sé que necesito de buenas conversaciones. Sé que necesito leer. Sé que necesito comprensión cuando soy incapaz de expresar ideas por medio de palabras. Sé que ocupo mi agenda porque soy experta en el escape. Sé que prefiero estar acompañada porque espero incansablemente que, pese a no poder percibirlo, así mejore"?

¿"Dejé de escribir porque dejé de poder hacerlo y por ello, dejó de haber razón"?

¿"A veces no puedo andar sola en la bici, en el coche, tampoco por el metro, pienso en los excesos. En lo que pasaría si... Luego me detengo, luego recuerdo, luego sonrío, luego rezo tantito. Deseo con todo lo que puedo, que así como llegó, un día de abril, esto se vaya"?

January 12, 2013

Depresión crónica


Abril 2011- Presente
Esto.

Aaron Swartz

Surely there have been times when you’ve been sad. Perhaps a loved one has abandoned you or a plan has gone horribly awry. Your face falls. Perhaps you cry. You feel worthless. You wonder whether it’s worth going on. Everything you think about seems bleak — the things you’ve done, the things you hope to do, the people around you. You want to lie in bed and keep the lights off. Depressed mood is like that, only it doesn’t come for any reason and it doesn’t go for any either. Go outside and get some fresh air or cuddle with a loved one and you don’t feel any better, only more upset at being unable to feel the joy that everyone else seems to feel. Everything gets colored by the sadness.
At best, you tell yourself that your thinking is irrational, that it is simply a mood disorder, that you should get on with your life. But sometimes that is worse. You feel as if streaks of pain are running through your head, you thrash your body, you search for some escape but find none. And this is one of the more moderate forms. As George Scialabba put it, “acute depression does not feel like falling ill, it feels like being tortured … the pain is not localized; it runs along every nerve, an unconsuming fire. … Even though one knows better, one cannot believe that it will ever end, or that anyone else has ever felt anything like it.”
The economist Richard Layard, after advocating that the goal of public policy should be to maximize happiness, set out to learn what the greatest impediment to happiness was today. His conclusion: depression. Depression causes nearly half of all disability, it affects one in six, and explains more current unhappiness than poverty. And (important for public policy) Cognitive-Behavioral Therapy has a short-term success rate of 50%. Sadly, depression (like other mental illnesses, especially addiction) is not seen as “real” enough to deserve the investment and awareness of conditions like breast cancer (1 in 8) or AIDS (1 in 150). And there is, of course, the shame.

So I hope you’ll forgive me for not doing more. And hey, it could be worse. At least I have decent health insurance.

December 15, 2012

Declaración de principios

(Nunca le escribí algún poema a este novio que ahora tengo.
Lo importante se dice bajito.
Como si fuera tesoro.
Se dice a su oído,
de noche
o temprano
sonriendo
y nada más.
Sin poemas.
Sin fotos.
Sin presunciones.
Entre paréntesis).

June 17, 2012

Inesperado

Por respeto, tienes el derecho a no escribirme jamás.

No me escribas de tu vida, no me saludes, ni digas que estás contento, no me cuentes historias de frío invernal, de aprendizajes sublimes, de encuentros fortuitos. No me describas la escena de cuando te encontraste con aquella mujer que le daba de comer a las palomas en todas y cada una de las fuentes que viste en esa otra ciudad; tampoco quiero saber sobre los trenes que tomabas en la madrugada para arribar en la mañana y aprovechar todo el tiempo, darle un abrazo, beso, dos palabras; no se te ocurra saludarme de repente, ni siquiera en mi cumpleaños, o en el tuyo, o en el triunfo del 1 de julio, o en la Navidad en Islandia, guárdate el saludo; ahorra el mensaje telefónico para una mejor ocasión (la nostalgia en la vejez, algún funeral).

Por respeto, tienes el derecho a no escribirme jamás.

No me escribas un poema secreto.

Por respeto.

Siquiera, cariño.

April 13, 2012

El silencio, también a mí, me despertó

Aquí, ahora, hay que decidir si se toma el primer o el segundo camino, que más bien deberían ser llamados caminos a secas, sin mayor descriptivo.

Como deberían ser todos las cartas casuales. No deberían dar respuesta a ninguna pregunta, bastan las palabras que saben dibujar escenas lejanas, entre árboles, nieve, frío o lagos. Eso es suficiente.

La guerra, los muertos (a los mexicanos nos tomó mil quinientos muertos por día para levantarnos un abril de 2011, desde entonces la curva de asesinatos por el narcotráfico ha ido en descenso), las mujeres descuartizadas, usadas para ritos obscenos; los indios, jóvenes, estudiantes, madres, activistas sociales desaparecidos; el negocio de los niños embodegados, el tiempo escurridizo. Son lo de menos.

Por respeto, no hay que decir verdades. O hay que decirlas sutilmente.

Atenea, querida, lamento informarte que tu inconformidad ante la injusticia no se resuelve estudiando Derecho. A ti te gustan las Humanidades y las Ciencias Sociales, una debe estudiar lo que le gusta. Del futuro, Atenea, nos habremos de preocupar en el futuro. Tú, por lo pronto, deberías dejar la Pedagogía y dedicarte a escribir cuentos, novelas o aforismos.

January 1, 2012

Wien, für alle

Nuestra lucha es por un techo digno, y el mal gobierno destruye nuestra casa y nuestra historia.
Nuestra lucha es por el saber, y el mal gobierno reparte ignorancia y desprecio.
Nuestra lucha es por la tierra, y el mal gobierno ofrece cementerios.
Cuarta Declaración de la Selva Lacandona, 1º de enero de 1996

Escribo el primero de enero del 2012 y es inevitable pensar en lo ocurrido hace dieciocho años. Es inevitable porque si en algo he pensado a lo largo de los últimos doce meses es en la dignidad de quienes se resisten; en la valentía de quienes son tan grandes como los enemigos que eligen.

...

Estuve en Viena hace cerca de dos meses. Escribo esto con días de tardanza. No importa. Importa el recuerdo y la necesidad de volverlo palabra. Importa lo que vi, aprendí, sentí, pienso.
Llegué con la condición de quedarme por una semana. Angelika dijo que si no veía su ciudad lo suficiente, ni siquiera pensase en visitarla, tenía razón: una a veces debe quedarse más de la cuenta, abandonar la universidad con ánimos de descubrimiento, olvidar los deberes, tomar el tren, reencontrarse con quien fuera una hermana. Le llamé una vez estando allá, pregunté por su dirección, dijo primero "Ottakring" con acento alemán, no entendí, le pedí que repitiera, dijo "Otacring" con acento inglés y tampoco entendí, le volví a pedir que lo repitiera, dijo finalmente "Otacrín" como convirtiendo un vocablo alemán al español y todo me quedó claro. Nos encontramos en la estación de metro más cercana a casa, sonreímos, nos abrazamos.

"Do not wait"
Sobre el escritorio hay libros, fotos, bolígrafos, cuadernos y una nota. No supo cómo dejar de pensar en las conversaciones que tuvieron, en sus piernas rodeando sus caderas, ni en el libro que le envió, ni en sus credenciales académicas, que si licenciado y maestro en Oxford, tampoco sabía cómo olvidar que nunca contestó el correo electrónico que le escribió. Palabras bellas, palabras sin respuesta. Entonces platicamos sobre el amor, sobre las esperas que valen la pena.
Decidimos hacer el camino bajo nuestros pasos. Schloss und Schönbrunn, el jardín, las esculturas inmensas. La constante necesidad de mostrar poder por medio de lo magnífico. Tamaños estratosféricos sobre un país diminuto, como si andáramos por un laberinto de nunca acabar: en esta Viena imperial, en la Viena del turista, es inevitable sentirse perdido, acorralado, pequeño, plebeyo. Le dije. Ella, siempre tan serena, respondió que si hay un amor que vale la pena es aquel que se le tiene al espacio y a los otros, quienes a pesar de no parecerlo, siempre seremos más grandes que cualquier edificio. Hay también sólo una espera que importa, la que termina.

Audimax
Entonces, en octubre del 2009, los estudiantes de la Universidad de Viena tomaron su Aula Magna. Reclamaban el cese del Acuerdo de Boloña, el fin de las colegiaturas, la democratización de la universidad y mayor participación estudiantil en la toma de decisiones, así como mejores condiciones laborales para los académicos e investigadores. Reclamaban, solamente, educación pública. Se quedaron en el auditorio un par de meses hasta que se cansaron, fueron yéndose a casa con nuevos amigos, viejas batallas, más experiencias.
Angelika, como pocos, estuvo ahí desde el principio hasta el fin, cuando decidió que la mera congregación de estudiantes antes apolíticos había sido suficiente: esta toma demostró que ninguna universidad, ningún edificio, por más viejo y legítimo que sea, es insuperable.

Epizentrum
Fuimos a conocer a sus amigos. Hannah es una punk con cabello corto, azulado, viste pantalones de mezclilla, chamarras de piel y varios piercings, uno en la ceja izquierda y otro en el labio inferior. No pensaría que es estudiante de Educación e Inglés, tampoco supondría que pareciendo tan frágil fuera una de las líderes estudiantiles más respetadas de la ciudad. Ha planeado y llevado a cabo la ocupación de varios edificios antes abandonados, el último tiene especial valor: está en el centro de Viena, es enorme y no fue reclamado por sus dueños, la policía no llegó a detener a nadie, no hubo golpes ni ráfagas de agua. Sí hay intentos de hacerlo un centro cultural donde quepan todos, le pregunté porqué lo hacían, qué razones tienen para tomar propiedad privada, contestó con toda convicción "Mayor debería ser nuestro derecho a tener un espacio comunitario que el del particular a tener una propiedad desocupada". Decidieron pintar el lugar, dentro hay desde frases motivacionales hasta graffitis hiperrealistas o estampas de mariposas y marxistas. Para todos, todo. Llamémoslo, llamáronlo El Epicentro.

"We live in a society that teaches don't get raped rather than don't rape"
Suelo ser parte de protestas esté donde esté. Aquí, allá, generalmente son lo mismo; nos encontramos varios, nos miramos, nos sabemos humanos, reconocemos que no estamos solos en las causas, sonreímos como si viéramos el principio de otra nueva vida. En esta caminamos cerca de mil mujeres y hombres reclamándole a una sociedad sexista, contra la corriente de la Marcha de las Putas mundial, las mujeres vienesas vistieron lo cotidiano, quizá un par se maquillaron con colores especialmente llamativos. Fuimos entre las calles angostas y los edificios antiguos, como de tiempos de reinas y príncipes, donde las voces retumban fuerte, donde las voces son especialmente valiosas porque se atreven a romper las jerarquías del tiempo. "Este espacio es nuestro, tanto como nuestros cuerpos", gritaban. Nos acompañamos desde Mariahilferstraße por Neubaugasse, Neustiftgasse, Kaisergasse hasta Wien Westbanhof, ahí nos dispersamos, nos dijimos hasta luego, supimos que nada malo tiene el vestir como queremos, decir lo que podemos, retomar la ciudad y el cuerpo que nos ha sido arrebatado.

"In questo paradise ne sopra il nuovo dì"
Recibió una herencia casi millonaria que debía ser gastada. Compró un par de departamentos, uno para ella y el otro para migrantes sin techo, es decir, no lo renta, no obtiene beneficio económico de él, no le interesa, no quiere. Consiguió una buena computadora, muchos libros, una enredadera que vive en su sala y un par de boletos para que asistiéramos a la ópera. En Viena hay dos auditorios designados a la presentación de compañías de Ópera: la Wiener Staatsoper, la Ópera Estatal de Viena, y la Volksoper Wien, la Ópera del Pueblo de Viena. Fuimos a la segunda. Vimos La Traviata. Desde lejos pudimos sentir la emoción de Violeta, con su voz inundaba todos los rinconcitos entre nosotros, nos cantaba con la tristeza de quien sabe que muere secretamente. Con la grandeza de quien combate al propio destino.
Angelika y yo somos estas dos que humanamente protestamos, gritamos, construimos, soñamos con un mundo más justo y vamos a la Ópera. No es contradictorio. Mundos, mundos, vastos mundos.

Martin y Eva
El penúltimo día que estuve en Viena fui a verles. Martin y Eva. Él, gran lector, juez de la Corte, pensador del acceso a la justicia en Austria, ella, mujer comprometida, traductora del alemán-ruso-español-inglés. Se conocieron cuando ella trabajaba para el Ministerio de Justicia, era de las pocas que podían auxiliar a los migrantes rusos en el difícil encuentro con las palabras alemanas. Interpretaba, acompañaba. Comimos carne, ensalada y puré pero recordaré con mayor felicidad las castañas que Martin cuidaba cual sí mismo. Platicamos de México, de la guerra contra el narcotráfico, de la legalización. Se pronunciaron a favor de la vida digna, del control del Estado, de la prevención, de la educación. Les conté de la marcha de mayo, del Zócalo vivo.
Tuve ganas de quedarme para que me contaran cómo fue cuando en 1974 condujeron desde Mexicali hasta Comitán, para qué me contaran de un país que no conozco. Hubo un silencio plagado de tristeza, de confusión, después reímos por nosotros, por el pasado, la belleza de nuestra cena, los días por venir. Entre esos silencios, me mostraron los ocho libros que ambos le han dibujado a su nieto, siempre he sabido que todo el amor puede esconderse bajo un garabato, estos libritos me lo recordaron. Eva, después de cien páginas y de repente, volteó hacia mí y dijo en voz bajita "Una vez anduve la vida con el puño en alto, valió la pena, tanto que no encuentro palabras en ningún idioma para expresarlo". Tan grandes como lo que combatieron.

...
Esas fueron nuestras demandas en la larga lucha de los 500 años, estas son hoy nuestras exigencias.

No recuerdo el primero de enero de 1994. Lo conocí primero por medio de las narraciones de mi padre, después fue Emiliano quien me contó cómo lo vivió, a ambos les cambió la vida. Podrían definirse a sí mismos diciendo "1994". Pienso que mi generación, los que nacimos en los 90's no tenemos un año decisivo, tal vez, sólo tal vez, el 2006, entonces nos encontramos tomando el Monumento a la Revolución. No hay comparación, no debe haberla. Va siendo hora de hacernos un año transformador, un año que nos recuerde nuestra propia inmensidad.

October 31, 2011

Uñas rojas

Me puse las medias de red porque sabía que los fines de semana no volverían a ser calientes, no me permitirían salir sin abrigo y botas. Me puse las medias de red porque con ese vestido nada iba mejor, hubieses visto, las piernas se me veían larguísimas. Me las puse porque nunca antes tuve unas, en boca de mi hermana "la medias de red son medias de puta", como lo es el labial carmín, las minifaldas de cualquier color, las pestañas negras, los aretes ostentosos, las zapatillas plateadas, todo de puta. Me las puse porque aquí nadie me acosaría, no tendría que cuidarme la espalda ni las nalgas, tomaría el autobús al centro como si nada, todas lo haríamos y no sería extraordinario. No tuve miedo de ser observada, de que quienes me vieran en la calle crearan historias sobre mí, supe desde que las compré que aquí las medias de red son sólo un accesorio más; andan las danesas con medias negras, rojas, piel, rotas, medias con agujeros enormes bajo shorts que no llegan a los muslos, salen de fiesta, conducen la bici, asisten a la universidad siempre con medias y sin etiquetas. Me puse las medias de red, de puta, porque quise rebelarme contra el pasado, contra el machismo que mi abuela, mis tías, mi madre, me han enseñado, quise a la distancia acabar con la misoginia de aquellos que alguna vez me tocaron sin consentimiento, me gritaron sin otra razón más que mi cuerpo. Me acordé de ti, Lizbeth, que me explicaste hace mucho, que nada debería tener etiquetas, menos la ropa.