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November 23, 2014

Hudson Valley

Si vieras, es un valle verdísimo, con cielo azulado y nubes que parecen caerse.

Es como el lugar en el que cualquiera quiere construir su casa.

Es un viajecito.

Es un recuerdito.

Aquí estuviste.

Entre castillos construidos por caciques nostálgicos del Oriente en medio de maples, entre edificios gigantescos disfrazados de Navidad o de Thanksgiving o de Año Nuevo (ya no se sabe), entre calles que huelen a todo el mundo comprimido. Entre dos ríos que quiebran la tierra.

¿Desde hace cuánto que nos conocemos? ¿Siete años?

Yo también hice el quehacer antes de que llegaras. Hacer el quehacer, poner todo en orden a manera de bienvenida, perfumar los rincones, es hacer el amor.

June 30, 2014

Casa

Mi casa es la fortaleza de sus brazos, la alegría de sus piernas, los lunares en su estómago, los árboles de su espalda y el mundo que se hace en su mirada (ojitos como dos gotas de agua).

Mi casa es su lenguaje.

Mi casa es el idioma mutuo del llanto.

Mi casa es nuestra historia de ciudades, viajes y años.

Casa es el sabor a café, cous cous, té de China.

Familia es no saberse sola.

Familia es comprender que, un día, de repente, los caminos se encuentran (en Seattle, Portland, Durham, Porto, Lisboa, Maputo. Todos los caminos llevan a Maputo).

Amor es llegar a casa.

Amor es necesitar que a una le pregunten: "¿Quieres ser mi familia, habitar conmigo una casa?"

Amor es contestar que sí, sí, cómo no, con todo y todo, siempre sí, si-no-lo-decías-tú-lo-decía-yo.

Amor es acomodar todas las fotos, los libros, las sábanas, los zapatos, los recuerdos, una misma, antes de mudarse.

May 27, 2014

Manifiesto de la Sub Pedagogía o Carta a Elsa

Diciembre 2 del 2011

"Es un hecho bien establecido que el presente no existe sino en la medida en que se hace pasado y ya pasó... Como la juventud. En resumidas cuentas, sólo nos va quedando el mañana: yo levanto mi copa por ese día que nunca llega pero que es lo único de lo que realmente disponemos." Nicanor Parra

Manifiesto mi repudio a la Pedagogía de las Islas de CU.
A la Pedagogía universitaria que nos enseña a enseñar sin aprender.
Digo no a las tijeritas.
A los post its de animalitos pegados en las esquinas de libretas rosas.
Repudio esos cuadernos con carátula de William Levy, Valentino Lanus o Robert Pattinson.
Tanto como repudio los libros forrados de peces cristianos, virgencitas de Guadalupe neocubistas y San Juditas de cabeza con oraciones "para el estudiante".
Juzgo y he juzgado las prácticas de Didáctica y Educación No Formal, además de todas las materias afines por venir, que nos obligan a cantar versos sin rima y para niños. Niños que si siguen escuchando lo que nos enseñan serán cada vez más retrógrados.
Manifiesto mi perpetuo asco al tratamiento del niño, del adolescente, del adulto, del maestro, de nosotros como tarados. Somos, hemos sido y seremos más que canciones de primaria. La Pedagogía debiera serlo.
Condeno fervientemente a aquellas maestras que me enseñaron en Psicología y Educación 1 a arrullar bebés en pañales. 4 horas semanales perdidas en las que pudieron enseñarme, pude haber aprendido, sobre los traumas de los nuevos 30 mil huérfanos de guerra, sobre el cómo enseñarle a los chamacos de Juaritos que "sicariar" no es un verbo y que el Taller de Seguridad no debe existir en nuestro futuro.
Denuncio el maltrato psicológico de mis compañeritas que me juzgan por antisocial, atea, comunista, preocupona, ñoña, tal vez lesbiana o liberada sexual, las denuncio de bullying universitario, cristianismo ferviente e inmadurez perpetua.
Denuncio también esa pinche guía que nos hicieron leer en Orientación "Tips para el estudiante", sin pensar que a muchos estudiantes ningún tip les ayudará, porque nacimos pobres, nacimos en escuela pública, nacimos para no llegar a la universidad. Denuncio a esta Pedagogía que no nos advierte del mundo por andar.
Convoco a quemar ahora mismo todos esas Guías de Orientación con quiénsabecuántos tests para adivinar qué área de conocimiento les conviene más a los indecisos, preguntones, inciertos, volubles, libres. Quemémoslas ahora.
Digo no a las tijeras de punta chata.
A los libritos en minúscula.
A los colores Vividel de 36.
A los bolígrafos de punto fino y tinta china en cajitas plásticas de doce tonos distintos.
A las presentaciones en Power Point que permiten que las pedagogas sean muchachas que leen de una pantalla. Pantalla con imágenes y letra Comic Sans Serif. Maldito el que inventó la letra Comic Sans.
A las letras de cartulina pegadas por todos los salones de Pedagogía, porque me enoja cuando una nota el ambiente del pedagogo por sus infantilismos, incongruencias, olor a bebé o a pastel de cumpleaños.
Pero sobre todo, digo no (nunca jamás) a las crayolas gordas marca "Crayon".
A cantar en las Islas.
Digo no a la Pedagogía inconsciente.
A la Pedagogía vacía.
A la Pedagogía que no lee a Mill, Marx, Bourdieu, Piaget, Montessori, Gramsci, Dewey, Echeverría, Descartes, Passeron, Althusser, Adorno, Freire, Freinet, Comenio, Neil, Sócrates, Platón... Sócrates. Sí, Sócrates. A la Pedagogía que no lee. 
Rechazo a la Pedagogía que no ve al proyecto zapatista, a la Asamblea escolar, a la escuela Waldorf, a la escuela Sudbury, a Summerhill, a la Bartolomé, a la Anexa a la Normal Superior, al kinder de la Tosepan Titataniske. A la Pedagogía que ve pero no ve.
Condeno a la Pedagogía que no está enterada del caso Guardería ABC, de la renuncia del yerno de Elba Esther, del pacto Peña Nieto-CEN/SNTE, de la falta de derechos laborales del maestro mexicano, tanto como condeno a la Pedagogía que no entiende que la solución a este desastre que llamamos México sigue estando en el aula, más cerca o lejos de la pizarra, pero en el aula, no en los exámenes y mucho menos en el negocio de la cuantificación vía CENEVAL, INEE, COMIPEMS, etc. etc. etc. Condeno a la Pedagogía que está en México pero no está en ningún lugar.
Rechazo, condeno, juzgo, maldigo a la Pedagogía que no nota que lo único que le queda a los viejos por morir y a los jóvenes por venir, es el futuro puesto en nuestro mañana. 
Rechazo, condeno, juzgo, maldigo a la Pedagogía que te hace dudar, Elsa, de ti misma y de esta nuestra bella, humilde, libre, necesaria vocación.

January 1, 2014

Manzanillo, Colima

Manzanillo no duerme. El puerto no para, veinticuatro horas los hombres y las mujeres trabajan. Como si no nos cansáramos.

Y los muchachos me cuentan: "Cuando a mi papá le cayó la caja no supimos qué hacer. Murió rápido. Dicen sus compañeros que el cuerpo se deshizo en el instante. ¡Que bueno, no sufrió! Al ratito no tuvimos dinero y mi mamá tomó su lugar como contador de cajas, lo único diferente es que ella usa un casco. Pero maestra, ¿qué diferencia hace un casco si son diez toneladas por caja?".

Aquí hace tiempo.

Duele.

Estoy cansada.

Sigo profundamente exhausta.

January 20, 2013

Prozac

¿Cómo exactamente se escribe sobre la depresión (dice Omar "enfermedad burguesa")? ¿Con qué palabras? ¿Con qué verbos? ¿En qué tiempo?

¿Se dice: "Sé que un día de abril no pude pararme de la cama de tal cansancio en el cuerpo, veía al cielo o al techo (no importaba ni importará), pensaba en no sé qué, pero pensaba, tragaba saliva, tensaba la garganta, apretaba los dedos de las manos. Quise quedarme en la cama para llorar más a gusto. Posteriormente intenté ir a la Universidad, pero enseguida di el primer paso, deposité la mirada en la puerta y no salí, estuve ahí, parada por un par de horas, luego volví a la cama. Lloré por horas hasta dejar de ser consciente. Así fue la primera semana en la que supe de esto, la primera en la que fue incontrolable"?

¿"Estuve frente a un lago por un día sin darme cuenta. Se hizo de noche, dejaron de pasar autobuses, vi a los patos subirse a los árboles y escuché a los grillos cantar, volteé los ojos hacia la luna, encontré detalles en ella. Me pregunté si todo esto, eso, valía la pena"?

 ¿"Esto es una enfermedad, y como tal, se cura con rutinas: son las ocho de la mañana y no quiero olvidarme de la cápsula diaria, pongo tres alarmas. Evito tomarla en público por si alguien pregunta qué es, para qué sirve, si duele, si he intentado tomar terapia. La tomo en secreto con el afán de supervivencia social, nada más. Son las diez de la noche y es lo mismo, aunque con mayor soledad y posibilidad de mentir. Es más fácil decir que son anticonceptivos, que son pastillas para el sueño, que son cualquier cosa. Por la noche casi nadie se preocupa"?

¿"Supimos que no era tristeza porque dejó de tener razón. Nunca tuvo razón. Salía con un hombre inigualable, absurdamente inmaduro, dejó preguntas, se fue con culpa. Por una semana estuve infinitamente triste. Después el sentimiento dejó de tener explicación. La tristeza se quedó, pensé que no tenía sentido, pensé en las alegrías diarias, en lo afortunada que era. Empeoraba. La tristeza, la extraña nostalgia, siempre está latente. No importa cuánto se piense, se camine, se decida salir y bailar ante el mundo"?

¿"Sé que necesito que alguien me haga reír. Sé que necesito simpleza pues ahí se encuentra la belleza más pura, tranquila, paciente. Sé que necesito escuchar voces cantar a diario. Sé que necesito que cada amanecer, alguien, quien sea, me diga en voz bajita `esto vale la pena´. Sé que el silencio es imprescindible. Sé que necesito descansar. Sé que necesito de buenas conversaciones. Sé que necesito leer. Sé que necesito comprensión cuando soy incapaz de expresar ideas por medio de palabras. Sé que ocupo mi agenda porque soy experta en el escape. Sé que prefiero estar acompañada porque espero incansablemente que, pese a no poder percibirlo, así mejore"?

¿"Dejé de escribir porque dejé de poder hacerlo y por ello, dejó de haber razón"?

¿"A veces no puedo andar sola en la bici, en el coche, tampoco por el metro, pienso en los excesos. En lo que pasaría si... Luego me detengo, luego recuerdo, luego sonrío, luego rezo tantito. Deseo con todo lo que puedo, que así como llegó, un día de abril, esto se vaya"?

December 29, 2012

Madrugada

Pienso en la comida.
Pienso en la comida todo el tiempo, más por la madrugada.
En el abuelo que contaba su infancia plagada de hambre y analfabetismo.
En la abuela que no para de hablar sobre el trabajo temprano.
En los movimientos espontáneos del estómago.

Una vez viví en India, viajé por doquier, casi siempre de madrugada.
Entonces el guru me preguntó: "Do you go to college? Does it work? Do you now know how to solve poverty? Just tell me. If not, then it doesn´t work". Si no sabes cómo solucionar la pobreza, casi nada sirve.
Y me amarró un listoncito a la mano derecha.
Y sigue aquí, por más que quiero, no se quiebra, no se esfuma, no me deja.

Do you now know how to solve poverty?

Pienso en la comida.
Pienso todo el tiempo en esa pobreza.

June 11, 2012

Somos más

Bonito es ver a Valeria emocionarse por el calor del suelo al sostener más de 40 mil cuerpos. Se emociona porque no sabe. Piensa que somos iguales. No lo somos, es sencillo. Porque "nosotros" (entre comillas enormes) tenemos Historia de lucha combativa, sabemos alargar el tema, colgar pancartas, aplazar votaciones. Me niego a fingir horizontalidad, no puedo hacer como si nada. Olvidarme del pasado. No existe horizontalidad entre dos idénticas que crecieron desiguales, en tiempos que parecen acumular cuarenta años de distancia: mi barrio frente a su privada resguardada, las ropas de mi padre frente al vestido de su madre, mi primer viaje en avión fue a los 15, el suyo a los 2 meses, nunca tuve dinero para cigarros, a ella le sobró, no sé comer con cinco tenedores. Heredera yo de la escuela laica y gratuita, asidua del transporte público, de las bibliotecas estatales, de las funciones de cine gratis, de los conciertos en plazas inmensas, de los intercambios de libros, de la esperanza en cada paso (¿si no cómo, caray?). Me niego a fingir horizontalidad, díganle a mi amiga que me emociona su alegría, pero que ya no pienso pretender más. Basta con permitir que este tiempo nos acaricie. El suelo nos caliente tanto como los brazos del otro. Sobra con que nos miremos, encuentre de repente, que no estamos hablando de horizontalidad. Digo Asamblea y digo justicia. Bonito es verles a todos ilusionarse con este inminente, doloroso fracaso.

September 30, 2011

De tierra y paz

Lo importante generalmente se aprende de las palabras y silencios de las calles y los libros, no de las clases universitarias.

Hoy parecía más conveniente salir a disfrutar el sol danés, regalo del destino y las coincidencias climáticas que ir a la universidad. Se aprende más de salir en bicicleta a pasear por el lago, viendo a los caballos pastar mientras los viejos contemplan. Viejos que tomados de la mano caminan por ahí, andan un par de horas, se sientan, comen pan con paté, se miran a los ojos, deciden tomar sus bicis y andan de vuelta a casa platicando en el camino. Brabrand lleno de viejos y migrantes, Brabrand con corazón de lago, lugar en el que todos van a tomar el sol, de paso verse reflejados en el agua. Aquí, en este barrio, es donde se mezclan las sombras de quienes llevan la vida entera valorando el sol y de quienes salimos a disfrutarlo por mera nostalgia. Los caballos pastan, la gente sale, no pasa nada, no se acaba el mundo ni hay noticias trágicas, no hay 50 mil muertos a cuestas, 30 mil huérfanos, miles de desaparecidos: se aprende más de esto, de recordar qué significa paz.

Se aprende más de platicar con un desconocido en la tienda, dice de repente "You are from Mexico, I'm from Palestine, we also have a war". Carajo. Esta guerra que hermana, ni él, ni yo pedimos conocer a los muertos, saber sus nombres, conocer sus historias. Olvidarnos del número. Rebelarnos ante la estadística, recordar que detrás de esto hay razones y omisiones. Se aprende más del momento en el que una entiende que el palestino ha comenzado a confundirme con una refugiada de guerra, afectada igual por los muros, cañones, bombas. Paso a su bodega a compartir falafel, me pregunta de los próximos años, del futuro, la memoria, si nos acordamos o ya nos acostumbramos. Ese doloroso minuto en el que le dije que desafortunadamente, ya nos acostumbramos. Poco a poco se nos olvida. Todo está bajo control, no hay gente en los parques hablándose, compartiendo sombras, pensando. Nada más terrible que la desocupación de lo público; entonces la guerra nos alcanzó. Igual que en Palestina, me dice, donde a pesar del día soleado, nos quedamos en casa a ver la TV, escuchar el radio, escribir.

Se aprende más de salir con un refugiado político sin nombre ni dirección y verle sonreír, resulta que pese al tiempo, los golpes, el frío y la distancia, se puede seguir. La libertad no es asunto del espacio, sino de la conciencia. Verdaderos revolucionarios que me recuerdan por lo que vale la pena leer los mil ensayos de Memoria Colectiva, no es por el certificado, la experiencia, la metodología, es por compromiso conmigo y con los otros. Se aprende hablando de Robert Mugabe, del colonialismo, los artículos en inglés, español, francés que no hemos escrito, las historias de guerra que no hemos contado, las canciones que no hemos cantado, las vidas de los muertos que no hemos narrado. Primero vendrá una resolución diciéndonos que creemos una Comisión de la Verdad antes de que nos decidamos a organizarla. Volverá el gobierno autoritario antes de que encontremos a los desaparecidos de la Guerra Fría. Los libros de historia no incluirán estos cinco años, los maestros no hablarán de ello, fingiremos que fue un sueño, porque quisimos que la foto del cuerpo de María Macías Castro al lado de su laptop pareciera nada más que eso: un sueño. Se aprende más acercándome al refugiado político de Zimbabwe, sabiendo que no quiero ser como él a los 27, y que él fue tan parecido a mí a los 21.

Se aprende más paseando por el centro de Aarhus con una amiga, bebiendo una cerveza mientras platicamos de la clases que tomamos y damos, de la costumbre danesa de poner velas en todos lados, de cuán llena de gente está la explanada de la catedral, el canal, las playas. La gente no sólo sale porque sea un día especialmente soleado, salimos porque podemos caminar por el puerto sin miedo a lo que viene. Se aprende mucho de amanecer a diario con el periódico plagado de noticias llanas, beber café mientras se lee un buen libro, andar en bicicleta de casa a la universidad y viceversa, no tener reuniones interminables, ni siquiera imaginar protestas masivas. Vivir en esta indescriptible, culpable, recalcitrante paz.

April 11, 2011

In silence there is healing

I believe in silence. As a clinical psychologist, I spend my day talking. Therapy patients arrive on the hour and we talk. Sometimes the words are powerful, heart-wrenching, devastatingly true. Sometimes.

The silences always are. I’ve come to trust them more, and learned to translate their peculiar language. We speak volumes, you and I, in our silence.

There’s the silence of fear — fear that fills the space between us as you struggle to convince yourself that the risk of connection is worth taking. I sit a mile away, across a space littered with wounds I can only imagine. But I can imagine, my silence says, and I am still here.

There is the silence of withholding. Saying nothing, you convey your disbelief that words could do anything but make things worse. To speak a truth makes it real, and there is no going back. But you are here because you cannot go back, my silence responds.

There’s the silence of loss that knows no words, for which no words are big enough, or powerful enough or deep enough to convey what only silence can. I step into that devastated interior landscape to witness, silently. If we can stand together long enough, perhaps we can find a way to believe the loss will not kill us both.

I know the silence that follows just the right words, the ones that fall unbidden from my lips or yours, surprising us both with their astonishingly obvious truth. We collapse into that silence together, breathless. We sit softly in it, letting it surround us with echoes of meaning. The ripples it sends out will await another day for analysis or exploration. We know the truth now, it binds us together, and in this moment, that is enough.

I learned years ago, when I thought music might be my calling, that the notes are only tools. Music is made in the spaces between the notes, the phrasing, the transitions, the silences.

So, too, in this world of healing with words. Oh, I work hard at the words. I refine them, and parse them, and shape and color them for each person who shares their story with me. I work at them because they take us to the precipice, to the edge of the truth. But I believe in the silence: The all-knowing and unknowing, devastating silence that exists beyond that precipice. I believe in it because that is where the healing lies.

* Mary Plouffe, Ph.D., trained as a classical soprano before becoming a clinical psychologist. She is in private practice, and writes essays about therapy and social/cultural issues.

(But above all, I believe in cursilerías que me llegan after three weeks of not checking my mail)