by Aditi Pinto
The world is full of elephant stampedes that have dented its surface in so deep. You may call it a rat race but I think the size of it is far bigger than the damage done by a small rodent. Its mammoth sized. Things will only change when pigs fly. And only those people who can unload the heaviness of their existence and spread their wings will be untouched by the stampede. They will be carried further by the wind currents, and stirred up by the movement.
Existence is mere. A stonewall, a glass of milk, untouched. To have our name on paper, on a street sign, newspaper headline or celestial body is insignificant. If the only roads we walk on are the ones made of tar or cobblestones that were built by construction workers on a sunny afternoon, we will never truly reach anywhere. And if we all walk down the same roads, chances are it will be too crowded to move.
...
So she walked. She walked on the walls of people’s houses, like a lizard slowly yet stickily makes its way. She peered downwards wondering why everyone had these huge barriers if they were doing nothing interesting behind them. People sat on their chairs outside and read the newspaper or wrote words frantically in a notebook. She saw boredom. If this was all they did all day, why did they hide it from everyone else?
“ I know you’re pretending to be special, Mr. Shah,” she called down to her grumbling neighbour who sat outside the top two buttons of his shirt undone revealing a forested chest. Maybe he did have something he ought to be hiding.
...
She grew up at her own pace. Her own space.
I´m just sharing. Making public her talent. Missing India a bit... Waiting Aditi to appear.
April 3, 2009
Sinking sand (unos cachitos)
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Primaveras inesperadas.
February 26, 2009
Academia de Belleza
Ella de blusa amarilla grecada. Blusa traída desde Johanesburgo por su padre. Grecas hechas por alguna mujer exotificada. Pantalón negro entubado. Pantalón mil veces remendado por su madre. Tenis grises, aretes de frijol peruano y cabello como siempre, despeinado en lo alto.
La otra ella de blusa verde a rayas blancas, más bien blanca a rayas verdes. Rayas similares a las de cualquier cebra, tigre o pez. Pantalón bombacho de mezclilla azul, de esos que aparentan ser de segunda mano pero no esconden su pretencioso origen. Zapatos rojos con agujetas inamarrables violeta. Sin aretes, en Noruega la feminidad depende de otras herramientas. Cabellos libres al viento.
La última ella quisiera estar desnuda. No obstante, se cubre con una sudadera gris, pantalones sepia abotonados por doquier, tenis obscuros y calcetas evidentemente largas. Bolso índigo con letras celeste, éstas escriben Wien Universitat. Cámara en mano. Cabello rubio y corto. Anteojos de fantasía.
Él viste un sweater negro colorido. Pantalón azul. Los mismos tenis de siempre. Cuello ancho y atractivo, él no lo ha notado. Parecería desabrigado si no tuviera tan larga cabellera, varios tonos se asoman de su cabeza: amarillo, rojo y café. Es medianamente impresionante. Los trozos amarillos tienden a rizarse, los demás a alborotarse.
Ella, la otra ella, la última ella y él caminan por las calles de Gante en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Tarde fría y airosa pero amena. Gente tomando té en los cafés de alrededor. Hombres viejos exhalando círculos de humo. Actor inmóvil sometido a la caridad del espectador. Joven sentado debajo de un árbol leyendo a Cortázar por Alfaguara. Éste último sujeto es importante en el escenario imaginativo.
Los personajes principales se introducen a un edificio poco prometedor al lado de una iglesia bautista. En el primer piso un negocio dedicado a la venta de baterías, relojes, radios y tacos. Escaleras. Academia de belleza multipremiada en concursos internacionales. Se sugiere a la clientela no haber consumido drogas o alcohol antes de someterse al corte gratuito. Seis sillas de jardín incitan a las ellas a tomar asiento, el él se ve perturbado y se coloca junto a ella. Ella toma su mano y le dice que le seguirá queriendo pese a cualquier cambio, él la abraza. Él entra a la academia mientras ellas examinan el lugar. Escaleras. Aburrida sex shop. Escaleras. Academia de belleza y sillas otra vez. Silencio cómodo por diez minutos.
El hombre aparece, del brazo una mujer. Se sientan. Hombre carga consigo unas bocinas enormes. Ella supone que es vendedor de discos compactos, la otra ella está de acuerdo, a la última ella le preocupa cómo se sentirá el él sin su abrigo. De fondo, cumbia tecno japonesa, ésta emana del quipo de sonido del hombre. La otra ella y última ella fingen cantar en japonés, ella no para de reír. Hombre se ve molesto. Todas ellas dejan de burlarse y planean pedirle que cambie de música. No saben cómo hacerlo. Ella le termina preguntando si en su haber cuenta con algo de Cafe Tacuba, a la otra ella le pone de buen humor cantar sobre el olvido y la nostalgia. El hombre dice que no, que sólo tiene arte divertida y que seguramente ella es muy fresa para gustar de su colección. El hombre está en lo correcto. Ella sólo tiene en mente que el hombre está pelón, afuera de una academia de cortes gratuitos, que tiene tatuado en el cráneo “LUpe” y que dentro de su mochila oculta más de quince cd´s. Hombre interrumpe sus pensamientos y comienza a cantar Vasos Vacíos. Ella se une al coro de la mujer y el hombre. Las otras ellas reanudan el canto japonés. Todos sonríen y saben que es un momento especial.
Pese a la surreal situación, ella solamente piensa en porqué el hombre tiene tatuado “LU” en mayúsculas y “pe” en minúsculas. Ella sigue cantando y le nacen ganas de preguntarlo todo, no se atreve. Matador le sigue a Celia Cruz, ahora el coro es de ellas, la mujer y el hombre. Los cinco se encuentran felices, agradecen coincidir. El hombre se emociona y le comenta a ella que gusta de hip hop con temática política. Toca una canción sobre la guerrilla. Ella recuerda a un amigo brevemente apasionado a la dramaturgia y a este sonido. Comienza a escribir la historia en su imaginación, se la enviará esa misma noche. Lo realmente malo es que ella tiende a escribir pensando en el amor y esta supone ser una historia cómica. Suspiros.
Él sale desnudo y ellas saben que el Servicio Militar es una tontería. Afortunadamente, él sigue siendo el mismo él. Sonríen y salen despidiéndose del hombre y la mujer.
Escaleras.
Calle de Gante. Juegos juveniles que burlan la fealdad.
Ella decide conversar con el sujeto lector de Cortázar. Nada. Regresará a escribirle a su viejo y distante amigo. Está cansada. Las otras ellas no la entienden y el él no ha sido del todo informado. Lo mejor es despedirse.
Silencio cómodo. Suspiros. Canto japonés.
La otra ella de blusa verde a rayas blancas, más bien blanca a rayas verdes. Rayas similares a las de cualquier cebra, tigre o pez. Pantalón bombacho de mezclilla azul, de esos que aparentan ser de segunda mano pero no esconden su pretencioso origen. Zapatos rojos con agujetas inamarrables violeta. Sin aretes, en Noruega la feminidad depende de otras herramientas. Cabellos libres al viento.
La última ella quisiera estar desnuda. No obstante, se cubre con una sudadera gris, pantalones sepia abotonados por doquier, tenis obscuros y calcetas evidentemente largas. Bolso índigo con letras celeste, éstas escriben Wien Universitat. Cámara en mano. Cabello rubio y corto. Anteojos de fantasía.
Él viste un sweater negro colorido. Pantalón azul. Los mismos tenis de siempre. Cuello ancho y atractivo, él no lo ha notado. Parecería desabrigado si no tuviera tan larga cabellera, varios tonos se asoman de su cabeza: amarillo, rojo y café. Es medianamente impresionante. Los trozos amarillos tienden a rizarse, los demás a alborotarse.
Ella, la otra ella, la última ella y él caminan por las calles de Gante en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Tarde fría y airosa pero amena. Gente tomando té en los cafés de alrededor. Hombres viejos exhalando círculos de humo. Actor inmóvil sometido a la caridad del espectador. Joven sentado debajo de un árbol leyendo a Cortázar por Alfaguara. Éste último sujeto es importante en el escenario imaginativo.
Los personajes principales se introducen a un edificio poco prometedor al lado de una iglesia bautista. En el primer piso un negocio dedicado a la venta de baterías, relojes, radios y tacos. Escaleras. Academia de belleza multipremiada en concursos internacionales. Se sugiere a la clientela no haber consumido drogas o alcohol antes de someterse al corte gratuito. Seis sillas de jardín incitan a las ellas a tomar asiento, el él se ve perturbado y se coloca junto a ella. Ella toma su mano y le dice que le seguirá queriendo pese a cualquier cambio, él la abraza. Él entra a la academia mientras ellas examinan el lugar. Escaleras. Aburrida sex shop. Escaleras. Academia de belleza y sillas otra vez. Silencio cómodo por diez minutos.
El hombre aparece, del brazo una mujer. Se sientan. Hombre carga consigo unas bocinas enormes. Ella supone que es vendedor de discos compactos, la otra ella está de acuerdo, a la última ella le preocupa cómo se sentirá el él sin su abrigo. De fondo, cumbia tecno japonesa, ésta emana del quipo de sonido del hombre. La otra ella y última ella fingen cantar en japonés, ella no para de reír. Hombre se ve molesto. Todas ellas dejan de burlarse y planean pedirle que cambie de música. No saben cómo hacerlo. Ella le termina preguntando si en su haber cuenta con algo de Cafe Tacuba, a la otra ella le pone de buen humor cantar sobre el olvido y la nostalgia. El hombre dice que no, que sólo tiene arte divertida y que seguramente ella es muy fresa para gustar de su colección. El hombre está en lo correcto. Ella sólo tiene en mente que el hombre está pelón, afuera de una academia de cortes gratuitos, que tiene tatuado en el cráneo “LUpe” y que dentro de su mochila oculta más de quince cd´s. Hombre interrumpe sus pensamientos y comienza a cantar Vasos Vacíos. Ella se une al coro de la mujer y el hombre. Las otras ellas reanudan el canto japonés. Todos sonríen y saben que es un momento especial.
Pese a la surreal situación, ella solamente piensa en porqué el hombre tiene tatuado “LU” en mayúsculas y “pe” en minúsculas. Ella sigue cantando y le nacen ganas de preguntarlo todo, no se atreve. Matador le sigue a Celia Cruz, ahora el coro es de ellas, la mujer y el hombre. Los cinco se encuentran felices, agradecen coincidir. El hombre se emociona y le comenta a ella que gusta de hip hop con temática política. Toca una canción sobre la guerrilla. Ella recuerda a un amigo brevemente apasionado a la dramaturgia y a este sonido. Comienza a escribir la historia en su imaginación, se la enviará esa misma noche. Lo realmente malo es que ella tiende a escribir pensando en el amor y esta supone ser una historia cómica. Suspiros.
Él sale desnudo y ellas saben que el Servicio Militar es una tontería. Afortunadamente, él sigue siendo el mismo él. Sonríen y salen despidiéndose del hombre y la mujer.
Escaleras.
Calle de Gante. Juegos juveniles que burlan la fealdad.
Ella decide conversar con el sujeto lector de Cortázar. Nada. Regresará a escribirle a su viejo y distante amigo. Está cansada. Las otras ellas no la entienden y el él no ha sido del todo informado. Lo mejor es despedirse.
Silencio cómodo. Suspiros. Canto japonés.
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Primaveras inesperadas.
December 18, 2008
Mucho gusto
Tengo nombre de pez tropical. Atenea Marina. Quiero creer que me llamaron así para que de niña gastara el tiempo imaginando los colores de mi cuerpo rodeados de mar y algas. O envueltos por agua caliente artificial. Qué sé yo donde, pero sería azul nube a rayas amarillas. Olería a río tocado por la sal, así huelen los peces. Sabría a arena blanca de Yucatán.
No. Es Atenea Marina porque tiene sinónimo: Minerva del Mar. De todos modos es como animal.
No. Es Atenea Marina para que en lugar del siempre incómodo "¿Cuántos años tienes?", sea “Es bonito nombre. ¿Por qué será?”.
No. Es Atenea Marina porque tiene sinónimo: Minerva del Mar. De todos modos es como animal.
No. Es Atenea Marina para que en lugar del siempre incómodo "¿Cuántos años tienes?", sea “Es bonito nombre. ¿Por qué será?”.
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Me dijeron
November 28, 2008
Desde Mumbai
Este es un email de Pablo, viejo amigo pese a la distancia. No he encontrado mejor retrato a mi sentimiento que éste. Resulta inevitable pensar en el país que me abrazó por dos años, en la ciudad que me enseñó a ser independiente.
Noviembre 27 del 2008
Este email es más que nada para los que me pedían una visión más cercana de este horror. ¿Qué cómo estoy? –Bien, gracias. Físicamente al menos. Anímicamente debo reconocer que me ha afectado mucho. Bombay en estos momentos representa mucho más que una ciudad del sur de India. Bombay, Mumbai tras la independencia de imperio británico, me ha dado con la verdad en la cara, con la decepción, la rabia, la fácilmente adoptable ira y con la esperanza. Adoro Bombay, es como un gran ser humano, una madre que da cobijo cada noche a 18 millones de personas. Mumbai respira, tiene pulso. Millares de arterias y venas congestionadas por el tráfico la surcan a lo largo y a lo ancho en todas direcciones. En el centro del abdomen, están sus pulmones, cada vez más negros por la polución. Debajo del ombligo, una hilera de árboles tropicales nos conduce a los Hanging Gardens, donde los Bombaítas buscan sus momentos de placer los domingos. La cadera de Bombay es la larga línea curva que la playa de Chowpatty Beach forma y donde los niños de la calle pueden alzar sus cabezas hacia el sol, esperando una prosperidad que parece que llegará al subcontinente, cuando vuelan sus cometas de papel.
Bombay no descansa, ni te deja descansar. El polvo se adhiere al sudor de tus piernas, de tus sienes al caminar con una mochila enorme en la espalda. Quizá sea por todos los recuerdo que tengo de Bombay, todas las conexiones que puedo formar en mi memoria que no sólo quiero, sino que necesito escribir esto. El Café Leopold’s, uno de los lugares con más encanto de la zona antigua, donde he pasado noches hasta el cierre charlando con amigos. Donde me despedí por última vez de mis compañeros el año pasado tras graduación. Donde me sentaba en Marzo con mi madre, mi padre y mi hermano comiendo “chicken tikka”. Donde un grupo de terroristas armados con metralletas entró y disparó sin piedad, destruyendo recuerdos y vidas.
O el Hotel Taj Mahal. Con su peculiar historia que mi padre me contó cuando paseábamos debajo de sus soportales, donde el lujo del cuero con el monograma LV de un escaparate tiene que enfrentarse a unos zapatos sin puntera de una niña de piel oscura. Nunca me alojé en el Taj, pero he usado sus baños de mármol. Es una auténtica joya de 105 años de edad que simboliza el orgullo indio. Aún no me puedo creer que en este momento su cúpula esté en llamas, me cuesta imaginar que sus pasillos están tomados por terroristas, que familiares de compañeros hayan fallecido dentro de su majestuosidad.
La estación de tren Victoria Terminus, donde cada día miles de personas de amontonan para agarrarse a una barra de metal de un tren que parece que se va a marchar sin ellos. Gente que ha venido de cada rincón de India a eso, a subirse al tren, a plantarle la cara a la vida. Los suelos de la estación aparecían rojos en las fotos.
Me encanta Mumbai, y nada va a cambiar eso. Bombay se recuperará, pero su alma necesita permanecer viva, necesita seguir siendo el sitio donde millones de almas se juntan para hacerle frente a la vida cada mañana y cada noche. Este fin de semana no hubiera ido a Bombay, pero muchos de mis compañeros sí. Pero no podemos dejarnos caer en la rabia, debemos permanecer unidos.
Por desgracia, la prensa española en estos momentos se preocupa más por la situación y la “mala estrella” de una política española que nos narra conmovida su peripecia. Es ofensivo. Me entraban ganas de llorar ayer por la noche cuando leía titulares como: “La presidenta de Madrid comparece con sandalias y calcetines.”, “Voy a poner una alfombra antideslizante en la bañera” o “Los españoles se encuentran fuera de peligro”. Me hizo reflexionar, ¿es esto realmente lo que la sociedad española quiere escuchar? ¿De verdad no hay nadie que desee ir más allá de los calcetines de una política? Me niego a creerlo. Lo que todavía está ocurriendo en Bombay es una tragedia. He pensado, pensado en los ideales que tiene mi colegio, en los esfuerzos que estamos haciendo por devolverle la paz a India. En la conferencia Indo-Pakistaní que tuvimos este verano. En mis amigos Sikander y Saim, los únicos estudiantes pakistaníes en toda la India. En su esperanza por su país, en el enorme sacrificio y riesgo que pasan viviendo aquí y claro, también he pensado en los terroristas. Estos ataques buscan desestabilizar a la comunidad internacional, solamente a través del odio podrán conseguirlo. Me siento estúpido escribiendo esto pero por favor, no odiéis a los musulmanes. La rabia me corre por dentro en estos momentos porque sé que esto es lo que estos ataques consiguen y quieren conseguir. Buscan promover el esparcimiento en Occidente de la fácilmente adquirible asunción Islam= terrorismo. La destrucción de la paz, la prosperidad y el reconocimiento internacional que India estaba adquiriendo no era su objetivo principal, ése era acabar con la unidad que finalmente representa el alma de Bombay.
Demos la espalda a los ataques pero no se la demos al Islam ni a los musulmanes, de este modo no le daremos la victoria al más cruel de los extremismos.
Noviembre 27 del 2008
Este email es más que nada para los que me pedían una visión más cercana de este horror. ¿Qué cómo estoy? –Bien, gracias. Físicamente al menos. Anímicamente debo reconocer que me ha afectado mucho. Bombay en estos momentos representa mucho más que una ciudad del sur de India. Bombay, Mumbai tras la independencia de imperio británico, me ha dado con la verdad en la cara, con la decepción, la rabia, la fácilmente adoptable ira y con la esperanza. Adoro Bombay, es como un gran ser humano, una madre que da cobijo cada noche a 18 millones de personas. Mumbai respira, tiene pulso. Millares de arterias y venas congestionadas por el tráfico la surcan a lo largo y a lo ancho en todas direcciones. En el centro del abdomen, están sus pulmones, cada vez más negros por la polución. Debajo del ombligo, una hilera de árboles tropicales nos conduce a los Hanging Gardens, donde los Bombaítas buscan sus momentos de placer los domingos. La cadera de Bombay es la larga línea curva que la playa de Chowpatty Beach forma y donde los niños de la calle pueden alzar sus cabezas hacia el sol, esperando una prosperidad que parece que llegará al subcontinente, cuando vuelan sus cometas de papel.
Bombay no descansa, ni te deja descansar. El polvo se adhiere al sudor de tus piernas, de tus sienes al caminar con una mochila enorme en la espalda. Quizá sea por todos los recuerdo que tengo de Bombay, todas las conexiones que puedo formar en mi memoria que no sólo quiero, sino que necesito escribir esto. El Café Leopold’s, uno de los lugares con más encanto de la zona antigua, donde he pasado noches hasta el cierre charlando con amigos. Donde me despedí por última vez de mis compañeros el año pasado tras graduación. Donde me sentaba en Marzo con mi madre, mi padre y mi hermano comiendo “chicken tikka”. Donde un grupo de terroristas armados con metralletas entró y disparó sin piedad, destruyendo recuerdos y vidas.
O el Hotel Taj Mahal. Con su peculiar historia que mi padre me contó cuando paseábamos debajo de sus soportales, donde el lujo del cuero con el monograma LV de un escaparate tiene que enfrentarse a unos zapatos sin puntera de una niña de piel oscura. Nunca me alojé en el Taj, pero he usado sus baños de mármol. Es una auténtica joya de 105 años de edad que simboliza el orgullo indio. Aún no me puedo creer que en este momento su cúpula esté en llamas, me cuesta imaginar que sus pasillos están tomados por terroristas, que familiares de compañeros hayan fallecido dentro de su majestuosidad.
La estación de tren Victoria Terminus, donde cada día miles de personas de amontonan para agarrarse a una barra de metal de un tren que parece que se va a marchar sin ellos. Gente que ha venido de cada rincón de India a eso, a subirse al tren, a plantarle la cara a la vida. Los suelos de la estación aparecían rojos en las fotos.
Me encanta Mumbai, y nada va a cambiar eso. Bombay se recuperará, pero su alma necesita permanecer viva, necesita seguir siendo el sitio donde millones de almas se juntan para hacerle frente a la vida cada mañana y cada noche. Este fin de semana no hubiera ido a Bombay, pero muchos de mis compañeros sí. Pero no podemos dejarnos caer en la rabia, debemos permanecer unidos.
Por desgracia, la prensa española en estos momentos se preocupa más por la situación y la “mala estrella” de una política española que nos narra conmovida su peripecia. Es ofensivo. Me entraban ganas de llorar ayer por la noche cuando leía titulares como: “La presidenta de Madrid comparece con sandalias y calcetines.”, “Voy a poner una alfombra antideslizante en la bañera” o “Los españoles se encuentran fuera de peligro”. Me hizo reflexionar, ¿es esto realmente lo que la sociedad española quiere escuchar? ¿De verdad no hay nadie que desee ir más allá de los calcetines de una política? Me niego a creerlo. Lo que todavía está ocurriendo en Bombay es una tragedia. He pensado, pensado en los ideales que tiene mi colegio, en los esfuerzos que estamos haciendo por devolverle la paz a India. En la conferencia Indo-Pakistaní que tuvimos este verano. En mis amigos Sikander y Saim, los únicos estudiantes pakistaníes en toda la India. En su esperanza por su país, en el enorme sacrificio y riesgo que pasan viviendo aquí y claro, también he pensado en los terroristas. Estos ataques buscan desestabilizar a la comunidad internacional, solamente a través del odio podrán conseguirlo. Me siento estúpido escribiendo esto pero por favor, no odiéis a los musulmanes. La rabia me corre por dentro en estos momentos porque sé que esto es lo que estos ataques consiguen y quieren conseguir. Buscan promover el esparcimiento en Occidente de la fácilmente adquirible asunción Islam= terrorismo. La destrucción de la paz, la prosperidad y el reconocimiento internacional que India estaba adquiriendo no era su objetivo principal, ése era acabar con la unidad que finalmente representa el alma de Bombay.
Demos la espalda a los ataques pero no se la demos al Islam ni a los musulmanes, de este modo no le daremos la victoria al más cruel de los extremismos.
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Me dijeron
November 19, 2008
Carta a Baltimore
A Milo, quien es poesía.
A Hugo, quien quería ser maestro rural y poeta.
Me cuesta tanto coger el lápiz para escribirte. Tomo horas mirando su amarilla sencillez, su compleja utilidad, su inmensa incertidumbre. Pareciera guardar años de historias y palabras, no sé, últimamente tiende a convertirse en mi fantasma y en mi sombra.
******
Él camina a todos lados sin saber porqué, carga un bulto inmenso que aún está por descubrirse, sospecho que en el fondo hay flores y nubes de algodón. Aquí hay burbujas de esas. Camina encorvado aunque apenas tiene 19 años, lee todo el tiempo y gusta de los pleonasmos pese a que todavía no sabe que es eso. Tampoco se ha dado cuenta de su belleza y capacidad. Dios no existe, si existiera le hubiese dado la oportunidad de escapar. Le digo Feño de cariño, vive en Ixhuatán y es mi amigo. Creo que no te había contado.
Calculo quinientos pescadores lanzando atarraya a las doce de la noche. Salen de sus casas al atardecer y vuelven al amanecer después de haber pesado el camarón. Dicen los ikoots que los débiles mueren a los primeros quince piquetes de zancudo, los fuertes viven en el mar para siempre. Ella es pescadora. La única en su comunidad. Recibo insultos en lugar de sonrisas. Imaginarás lo que los hombres dicen, imaginarás lo que la gente piensa. Suleyma es una de las mujeres más fuertes que conozco, cruza ríos y rompe mares. Creo que no te había contado.
Tengo “novio” y es mi alumno aunque tiene mi edad. Nunca ha puesto atención a clase, no le interesa el simple past, ni el will, ni el where, ni when, ni how, ni why, ni why not. A mí tampoco. Siempre había tomado el pupitre como punto de vigilancia y observación. Generalmente tarareaba una canción y dibujaba poemas en el cuaderno de raya casi invisible. Le contesté algo como “aja”, me cogió de la mano y sentí caracoles en el ombligo. Sonreí. Me sorprendió, me sorprendí. Le dije y no mentí. Romper jerarquías no fue idea mía sino tuya (y de Freire). No sé si pueda. Creo que no te había contado.
Fui a una reunión de appistas zapotecos, comuneros juchitecos, ejidatarios de “La Venta”, abogados de Derechos Humanos y estudiantes de la UNAM, CIDE, ENAH, ITAM, etc. Ojala puedas crear la imagen en tus ojos. Hablaron de los abusos de ingenieros y contratistas en la construcción del Parque Eólico de ”La Ventosa”. Resulta que la Comisión Federal de Electricidad renta cada hectárea en 150 pesos al año. Resulta que cada generador produce 2 millones de pesos al año. Resulta que por cada hectárea hay un aerogenerador. Resulta que a la hora de firmar contratos no había traductor. Resulta que 80% de los ejidatarios y comuneros son analfabetos. Resulta que eso es progreso. Diana, mi hermana, es ingeniera geofísica y hará prácticas en “La Venta 4”, proyecto en construcción. Resulta que mis palabras no son suficientes. Creo que no te había contado.
Aquél avión que pasó a estropear un día de felicidad cayó a dieciocho minutos (con poco tráfico) de mi (tu) casa. Él tenía la edad de mi mamá y supongo que en gran medida ella se asustó mucho más por el hecho de compartir esa característica tan absurda. Llamó al día siguiente para sugerir mi “exilio light”, mi vuelta a la vida de ”brasero de primera”, mi regreso a la “tierra prometida”. Tal vez aparezca en NY un día de estos. Admito que yo también tengo miedo. A ratos sueño a México como campo de batalla en el Punjab, otras veces me lo imagino como oasis en Rajhastán. Con todo lo sucedido últimamente me cuesta mucho verlo bien. Creo que no te había contado.
******
Te extraño mucho. No te había dicho.
Te amo simplemente porque eres. Seguro nunca te lo dije.
Atenea
19.11.08
A Hugo, quien quería ser maestro rural y poeta.
Me cuesta tanto coger el lápiz para escribirte. Tomo horas mirando su amarilla sencillez, su compleja utilidad, su inmensa incertidumbre. Pareciera guardar años de historias y palabras, no sé, últimamente tiende a convertirse en mi fantasma y en mi sombra.
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Él camina a todos lados sin saber porqué, carga un bulto inmenso que aún está por descubrirse, sospecho que en el fondo hay flores y nubes de algodón. Aquí hay burbujas de esas. Camina encorvado aunque apenas tiene 19 años, lee todo el tiempo y gusta de los pleonasmos pese a que todavía no sabe que es eso. Tampoco se ha dado cuenta de su belleza y capacidad. Dios no existe, si existiera le hubiese dado la oportunidad de escapar. Le digo Feño de cariño, vive en Ixhuatán y es mi amigo. Creo que no te había contado.
Calculo quinientos pescadores lanzando atarraya a las doce de la noche. Salen de sus casas al atardecer y vuelven al amanecer después de haber pesado el camarón. Dicen los ikoots que los débiles mueren a los primeros quince piquetes de zancudo, los fuertes viven en el mar para siempre. Ella es pescadora. La única en su comunidad. Recibo insultos en lugar de sonrisas. Imaginarás lo que los hombres dicen, imaginarás lo que la gente piensa. Suleyma es una de las mujeres más fuertes que conozco, cruza ríos y rompe mares. Creo que no te había contado.
Tengo “novio” y es mi alumno aunque tiene mi edad. Nunca ha puesto atención a clase, no le interesa el simple past, ni el will, ni el where, ni when, ni how, ni why, ni why not. A mí tampoco. Siempre había tomado el pupitre como punto de vigilancia y observación. Generalmente tarareaba una canción y dibujaba poemas en el cuaderno de raya casi invisible. Le contesté algo como “aja”, me cogió de la mano y sentí caracoles en el ombligo. Sonreí. Me sorprendió, me sorprendí. Le dije y no mentí. Romper jerarquías no fue idea mía sino tuya (y de Freire). No sé si pueda. Creo que no te había contado.
Fui a una reunión de appistas zapotecos, comuneros juchitecos, ejidatarios de “La Venta”, abogados de Derechos Humanos y estudiantes de la UNAM, CIDE, ENAH, ITAM, etc. Ojala puedas crear la imagen en tus ojos. Hablaron de los abusos de ingenieros y contratistas en la construcción del Parque Eólico de ”La Ventosa”. Resulta que la Comisión Federal de Electricidad renta cada hectárea en 150 pesos al año. Resulta que cada generador produce 2 millones de pesos al año. Resulta que por cada hectárea hay un aerogenerador. Resulta que a la hora de firmar contratos no había traductor. Resulta que 80% de los ejidatarios y comuneros son analfabetos. Resulta que eso es progreso. Diana, mi hermana, es ingeniera geofísica y hará prácticas en “La Venta 4”, proyecto en construcción. Resulta que mis palabras no son suficientes. Creo que no te había contado.
Aquél avión que pasó a estropear un día de felicidad cayó a dieciocho minutos (con poco tráfico) de mi (tu) casa. Él tenía la edad de mi mamá y supongo que en gran medida ella se asustó mucho más por el hecho de compartir esa característica tan absurda. Llamó al día siguiente para sugerir mi “exilio light”, mi vuelta a la vida de ”brasero de primera”, mi regreso a la “tierra prometida”. Tal vez aparezca en NY un día de estos. Admito que yo también tengo miedo. A ratos sueño a México como campo de batalla en el Punjab, otras veces me lo imagino como oasis en Rajhastán. Con todo lo sucedido últimamente me cuesta mucho verlo bien. Creo que no te había contado.
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Te extraño mucho. No te había dicho.
Te amo simplemente porque eres. Seguro nunca te lo dije.
Atenea
19.11.08
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